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❝ Vivo en Israel y estoy trabajando de limpieza. ¿Qué tengo que hacer? ❞


Esta es, sin exagerar, la pregunta que más recibo como asesor. La escucho a diario, sin importar de dónde venga la persona, cuál sea su formación académica o su experiencia profesional. Es un patrón: como si todos los caminos condujeran a Roma, en este caso todos los caminos parecen comenzar con el mismo punto de partida.


8 de cada 10 olim con los que converso trabajan actualmente en tareas de limpieza, cuidado de personas mayores, asistencia en jardines o maonim. Otros son repositores, meseros, lavaplatos, empleados de cocina. Trabajos físicos, exigentes, poco valorados socialmente… pero absolutamente esenciales.


Y acá comienza el dilema: ¿cómo se transita este primer paso sin que duela? ¿Cómo se proyecta un futuro más acorde a nuestros sueños? ¿Cómo se sostiene la esperanza cuando la realidad parece tan distinta a lo que imaginamos?


¿Qué se les responde a esto?


Pensé muchas veces si escribir o no sobre el tema por la repercusión que puede tener y que no sea bien interpretado, pero luego de consultar con diferentes personas me convencieron de que brinde un nuevo enfoque, para dar soporte y contención sobre este tema tan delicado.


Primero lo primero: dignificar sin romantizar

Cualquier trabajo honesto, dentro del marco legal y en línea con los valores del pueblo judío, es valioso y debe ser honrado. Ser zapatero en Israel o recolector de basura tiene un valor inmenso. Porque estar aquí, simplemente estar, ya es parte del sueño que nuestros antepasados esperaron durante más de dos mil años. Estar en Israel ya es una victoria.


Pero no nos vamos a quedar ahí. Porque todos —absolutamente todos— tenemos sueños, deseos, proyectos. Queremos sentirnos útiles, creativos, realizados. Queremos mirar al espejo y decir: "Esto también soy yo."


Un poco de contexto. Tiene humor, pero es real:

Mi hijo me decía:

"Batman: de día trabaja con traje y corbata, y de noche va a limpiar batei kneset."


La situación más extrema fue por el año 2021. Había traído una delegación de diputados de Costa Rica, España, Andorra y había dos ministros, uno de Guatemala y el ministro de Economía de Andorra. No me gusta entrar en detalles ni contar cosas privadas, pero para entender el contexto lo comparto:

Ese mismo día recibí muchísimos euros de propina por mi gestión y demás... Estaba con un traje nuevo, una camisa a estrenar y mi esposa, con su toque mágico, me había lustrado los zapatos.


Eran las 23:00 y del beit hakneset que limpiaba todos los días me llamaron a decirme que no había llegado nadie, que lo solucione ya o contrataban a otra persona.

Si bien había arreglado un reemplazo, la persona nunca llegó y lógicamente no atendía el teléfono.


Cuando fui a limpiar no sabía qué hacer... me brotaban lágrimas.

¿Cómo podía ser que, luego de estudiar tanto tiempo y haber conseguido tantos objetivos laborales, seguía necesitando de estas changas para poder llegar a fin de mes?


Esta situación que pasamos es natural.

En Israel se necesitan dos tipos de ingresos:


Uno como empleado, para sobrevivir y poder pagar las cuentas básicas: alquiler, y como se dice acá, el pan y la manteca.


Uno como independiente, que permita un complemento para poder vivir y pagar salidas, auto, vacaciones, ahorro, o incluso cubrir lo que no permite el sueldo básico.


La buena noticia: hay luz al final del túnel. Pero requiere pasos claros y compromiso.

Israel funciona con un ritmo que obliga a reinventarse, a adaptarse, y también a construir estabilidad en etapas.


¿Qué se puede hacer? Pasos básicos para salir adelante:

1. Aprender hebreo

Mirtha Legrand decía: “Como te ven, te tratan. Si te ven bien, te contratan. Si te ven mal, te maltratan.”


Aprender el idioma no es un lujo: es una necesidad.

No solo en Israel. En cualquier lugar del mundo es clave dominar el idioma local para insertarse, entender la cultura, comunicarse, crecer.


El cuerpo no siempre va a resistir trabajos físicos. Si queremos trabajos que nos desgasten menos, que nos permitan usar más la cabeza que las manos, el hebreo es la llave.


¿Cómo hacerlo?


Estudia 10 palabras nuevas por día, obligatoriamente.


Forma oraciones.


Escucha la radio, mira programas, películas, series en hebreo.


Habla con israelíes, sin miedo a equivocarte.


Equivócate. Y aprende de cada error.


Si sabes inglés, aprovéchalo también.


2. Homologar estudios y profesionalizarse

Si tienes estudios, valídalos. Homologa tu título. Es un proceso largo, a veces frustrante, pero absolutamente valioso.


Si no tienes estudios, empieza hoy.

En Israel hay carreras cortas y técnicas que permiten salir al mercado laboral en poco tiempo, con sueldos competitivos y jornadas de 8 horas.


No es tarde. Nunca es tarde.

Y cuanto antes empieces, antes vas a ver los frutos.


3. Emprender, si tienes una idea

Israel es tierra de startups y emprendedores. Si tienes una idea de negocio, no la descartes por miedo.


Ofrezco 5 horas gratuitas de asesoramiento para analizar juntos la viabilidad y rentabilidad de tu proyecto. (solo si eres ole jadash y no usaste el servicio)


No todos tienen que emprender. Pero si lo tienes en la sangre, es el lugar ideal para intentarlo.


4. Toma el primer paso ahora (si eres olé jadash el servicio es gratuito)

Si estás en esta situación y no sabes por dónde empezar, escribime.

No estás solo. No eres el único.

Podemos armar juntos un plan realista, posible y medido para que salgas adelante, paso a paso.


El primer paso no es conseguir trabajo, es levantar la mano y decir:

👉 "Quiero cambiar."


5. Cada paso cuenta

Si hoy estás limpiando casas, no te avergüences. Estás construyendo algo mucho más grande que un sustento.

Estás construyendo historia.


Cada vez que friegas un piso en Israel, estás también fregando el suelo sagrado que tantos soñaron con pisar.

Cada trabajo, cada madrugón, cada lágrima invertida acá, vale oro.


Viniste a Israel para florecer. Para crecer. Para ser la mejor versión de vos mismo, no una sombra de lo que podrías haber sido.


Como dijo el doctor Theodor Herzl, padre visionario del Estado de Israel:


"Si lo quieres, no será una leyenda."


Y tu lo quieres.

Entonces no es una leyenda.

Es tu historia.

Y recién está empezando.


MBA Federico Pipman

Asesor de negocios



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